miércoles, 15 de mayo de 2013

Baila, baila

Haruki Murakami

"En medio de la luz mortecina, mientras contemplaba la sombra proyectada sobre la pared, le hablé de la situación en la que me encontraba. Abrí mi corazón, como hacía tiempo no lo abría, y le hablé con franqueza sobre mí mismo. Lo hice tomándome todo el tiempo del mundo, con la lentitud de un pedazo de hielo que va derritiéndose. Le conté que más o menos preservaba mi modo de vida. Pero que no conseguía ir a ninguna parte. Envejecía sin llegar a nada. Le conté que no era capaz de amar de verdad a nadie. Que había perdido esa sacudida en el corazón. Que ya no sabía lo que era importante. Pero que me involucraba a fondo en cosas nimias, y que eso no servía de nada. Que tenía la sensación que mi cuerpo se anquilosaba. Que todo se iba agarrotando, del hueso a los tejidos. Y eso me daba miedo. Y que me costaba conectarme a este lugar, este lugar del que yo sentía que formaba parte. No sabía donde me encontraba, pero el instinto me decía que sí, que formaba parte de él...

-Tú has perdido muchas cosas, cientos de cosas valiosas. No se trata de buscar culpables. El problema es que, cada vez que has perdido algo, has abandonado cosas que se hallaban prendidas a ese algo. Era como una especie de señal. No debiste hacerlo. Abandonaste incluso cosas que te convenía conservar. Al hacerlo te has ido desgastando.
-Entonces, ¿qué diablos hago?
- Baila -dijo el hombre carnero-. No dejes de bailar mientras suene la música. ¿Lo entienes? Baila. No dejes de bailar. No pienses por qué lo haces. No le des vueltas ni le busques significados. En realidad, no significa nada. Si te pones a pensar, las piernas se detienen. Y si esto sucediera, servidor no podría hacer nada para ayudarte. Tu conexión desaparecería. Para siempre. Entonces ya sólo podrías vivir en este mundo. Te verías arrastrado desde aquel mundo hasta este mundo. Así que no permitas que tus piernas se detengan. Por muy ridículo que te parezca, no dejes de bailar. Lograrás que lo que ya está endurecido empiece a distenderse. Todavía deberías estar a tiempo. Utiliza todos tus recursos. Echa el resto. No tienes nada que temer. Estás cansado, lo sé. Cansado y asustado. A todos nos sucede. A veces sentimos que todo es un gran error. Y entonces las piernas se detienen...
-Pero no queda más remedio que bailar- prosiguó el hombre carnero-. Y hacerlo lo mejor que puedas. Deslumbrando a todos. Si lo haces así, quizá pueda ayudarte. Así que baila, baila mientras no cese la música."