En el pequeño cubículo, con todos los elementos fríamente ordenados, nada fuera de lugar, me proponía a comenzar una nueva jornada laboral. Sin el entusiasmo de semanas anteriores, cuando inicié esta aventura, es más, ya casi cayendo en la monotonía de todos mis trabajos anteriores. Lo noté al mirar mis zapatos, no me dí el tiempo, ni el trabajo de combinarlos con mi traje, total ¿qué más da? aquí nadie va a detenerse en ese detalle, es más, ni siquiera pueden mirar mis pies.
De todas formas, fue lo primero que encontré, en el caos mayúsculo de tu mundo, a pesar del tiempo, todavía no consigo robarte un milímetro, donde encontrar algo familiar y descansar. Todavía guardo mi ropa en la mochila y no voy a modificar ese hábito, es mejor así, "siempre listo para partir", sin embargo, parece que los zapatos se desplazan sigilosamente en las noches, ya que nunca los encuentro en el bolsillo derecho, siempre termino encontrando uno en el balcón y el otro entre tus libros, junto a la ventana de tu "salón luminoso" donde permaneces horas y horas leyendo. No logro comprender por qué siempre están separados, ni mucho menos por que misteriosa razón el bolsillo derecho está vacío cada vez que necesito usarlos.
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