sábado, 20 de agosto de 2011

Pequeño jardín...

Fui parte de un jardín , hermoso, armonioso y entrañable, cuidaba de el un hombre, de manos pequeñas pero fuertes, ojos transparentes -diría que tristes-, pero llenos de bondad. Sucumbí a sus cuidados, a sus atenciones y por sobre todo a sus palabras. Cada día dedicaba unos minutos a acompañarme y a hablarme de la vida y de su vida. Entre sus cosas siempre había espacio para un libro y para la lectura, un día leyó para mí lo siguiente:



"Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca, se entreabriera...

... Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca, y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre si, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene como un perfume viejo y un silencio.

Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo, mientras nos besamos como si tuvieramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua."


En ese instante, sus ojos brillaban más aún, su voz era firme y enamorada, y yo temblaba y un frío me recorría entera, no podía dejar de mirarlo.

No sé que sucedió, pero con el tiempo dejó, poco a poco, de visitar el jardín y cuando me visitaba ya no era el mismo, su rostro reflejaba cada día más tristeza, su ausencia me empezó a afectar y comencé a deteriorar, mi color se apagó, y mis pétalos se marchitaron de uno en uno, fueron cayendo y empecé a morir...

Ya no estoy en el jardín, él nunca más volvió...












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