lunes, 12 de enero de 2009

Frío eterno


Puede ser la lluvia, o tal vez el frío del invierno, aunque pareciera ser que éste no ha sido tan helado como años anteriores, no sé, tal vez será el frío interno que congela y paraliza hasta los pensamientos, las ideas, los sueños.
No quiero que preguntes lo mismo, porque las respuestas están congeladas también, no se pueden verbalizar, hasta que llegue la primavera y los rayos de sol las vuelvan a tocar.
No quiero que pidas, exijas o requieras nada de mí, no puedo con mi cuerpo congelado, pesado, estéril. Cargo con el como quien lleva un muerto en la espalda, en ocasiones me sofoca su peso, me aplasta, trato de escaparme de su influjo pero está ahí siempre detrás, como una sombra eterna, inseparable que me recuerda la fragilidad, el dolor y lo efímero de todo, me recuerda que no tengo nada, que no pertenezco a nadie.
No me pidas que tenga fe, esa palabra ya no esta en mi vocabulario, la perdí hace bastante tiempo, ya no creo en nada, ni en nadie, a ratos quisiera creer en algo, pero me he vuelto insensible, incrédula, vivo presa de una pesadumbre eterna, de dolores que no terminan, ni siquiera cuando cierro los ojos.

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