"Querida Emmi:
¿Has notado que no sabemos absolutamente nada el uno
del otro? Creamos personajes virtuales, confeccionamos
irreales retratos robot el uno del otro. Formulamos preguntas
cuyo atractivo reside en que quedan sin respuesta.
Pues sí, nos dedicamos a despertar la curiosidad del otro
y a seguir alimentándola al no satisfacerla de manera definitiva.
Intentamos leer entre líneas, entre palabras, y
pronto entre letras tal vez. Hacemos grandes esfuerzos
por juzgar bien al otro. Y al mismo tiempo nos preocupamos
de no desvelar nada importante de nosotros mismos.
¿Qué quiere decir «nada importante»? Nada de nada, aún
no hemos contado nada de nuestras vidas, nada de lo que
constituye la vida cotidiana, de lo que podría ser importante
para alguno de los dos.
Nos comunicamos en el vacío. Hemos tenido la gentileza
de confesar a qué actividad profesional nos dedicamos.
Tú en teoría me harías una bonita página web y yo, a
cambio y en la práctica, la someto a (malos) psicogramas
lingüísticos. Eso es todo. Sabemos por una deplorable revista
que vivimos en la misma gran ciudad. ¿Y qué más?
Nada. No hay ninguna otra persona a nuestro alrededor.
No vivimos en ninguna parte. No tenemos edad. No
tenemos rostro. No hacemos distinción entre el día y la
noche. No vivimos en ninguna época. Lo único que tenemos
son nuestras dos pantallas, cada cual de manera estricta
y secreta por su cuenta, y compartimos una afición:
nos interesamos por una persona absolutamente desconocida.
¡Bravo!
Por lo que a mí respecta —y aquí llego a mi confesión—,
me interesas muchísimo, querida Emmi. La verdad no sé
por qué, pero sí sé que se debe a algún motivo especial.
Y también sé lo absurdo que es este interés. No resistiría
un encuentro, no importa tu aspecto, tu edad, cuánto del
considerable encanto de tus mensajes pudiera traerse a
una posible cita, y cuánta de la gracia con la que escribes
tengas también en las cuerdas vocales, en las comisuras de
la boca y en las aletas de la nariz. Sospecho que este «tremendo
interés» se alimenta única y exclusivamente de la
bandeja de entrada. Es probable que todo intento de dejarlo
salir de allí fracase de modo lastimoso.
Ahora mi pregunta clave, querida Emmi: ¿sigues queriendo
que te escriba mensajes? (Esta vez me harías un gran
favor si me dieses una respuesta clara.)
Muchos, muchos saludos,
Leo"
Contra el viento del norte/Daniel Glattauer
¿Has notado que no sabemos absolutamente nada el uno
del otro? Creamos personajes virtuales, confeccionamos
irreales retratos robot el uno del otro. Formulamos preguntas
cuyo atractivo reside en que quedan sin respuesta.
Pues sí, nos dedicamos a despertar la curiosidad del otro
y a seguir alimentándola al no satisfacerla de manera definitiva.
Intentamos leer entre líneas, entre palabras, y
pronto entre letras tal vez. Hacemos grandes esfuerzos
por juzgar bien al otro. Y al mismo tiempo nos preocupamos
de no desvelar nada importante de nosotros mismos.
¿Qué quiere decir «nada importante»? Nada de nada, aún
no hemos contado nada de nuestras vidas, nada de lo que
constituye la vida cotidiana, de lo que podría ser importante
para alguno de los dos.
Nos comunicamos en el vacío. Hemos tenido la gentileza
de confesar a qué actividad profesional nos dedicamos.
Tú en teoría me harías una bonita página web y yo, a
cambio y en la práctica, la someto a (malos) psicogramas
lingüísticos. Eso es todo. Sabemos por una deplorable revista
que vivimos en la misma gran ciudad. ¿Y qué más?
Nada. No hay ninguna otra persona a nuestro alrededor.
No vivimos en ninguna parte. No tenemos edad. No
tenemos rostro. No hacemos distinción entre el día y la
noche. No vivimos en ninguna época. Lo único que tenemos
son nuestras dos pantallas, cada cual de manera estricta
y secreta por su cuenta, y compartimos una afición:
nos interesamos por una persona absolutamente desconocida.
¡Bravo!
Por lo que a mí respecta —y aquí llego a mi confesión—,
me interesas muchísimo, querida Emmi. La verdad no sé
por qué, pero sí sé que se debe a algún motivo especial.
Y también sé lo absurdo que es este interés. No resistiría
un encuentro, no importa tu aspecto, tu edad, cuánto del
considerable encanto de tus mensajes pudiera traerse a
una posible cita, y cuánta de la gracia con la que escribes
tengas también en las cuerdas vocales, en las comisuras de
la boca y en las aletas de la nariz. Sospecho que este «tremendo
interés» se alimenta única y exclusivamente de la
bandeja de entrada. Es probable que todo intento de dejarlo
salir de allí fracase de modo lastimoso.
Ahora mi pregunta clave, querida Emmi: ¿sigues queriendo
que te escriba mensajes? (Esta vez me harías un gran
favor si me dieses una respuesta clara.)
Muchos, muchos saludos,
Leo"
Contra el viento del norte/Daniel Glattauer
Mi querida ####, en efecto hemos construido imágenes que son por decirlo fácil, burdas inexactas e irreales. El imperio de los signos mencionaron por ahí, pero que ocurre cuando no hay imagen, o signos para ser más preciso, ¿no hay construcción de la figura del otro quizás?, pues no la construcción existe y es un castillo lleno de detalles y habitaciones pobladas por nuestras carencias.
ResponderEliminarCada línea (texto) que escribes constituye un desafío para desentrañar el misterio, solo hay unas débiles letras esparcidas en una pantalla de ordenador, ¿Qué hay allí?, ¿Cual es el mensaje?, ¿Que quiere decir?, ¿Que se guarda y no dice?, ¿Cual su miedo?, ¿Cual su saldo a favor en el cálculo del egoísmo?
Y ahora, que tengo la posibilidad de ver tus rostro, tus expresiones faciales, tus ojos, no veo la diferencia, todas y cada una de las preguntas frente a la pantalla renacen con fuerza impertinente; ¿Qué hay allí?, ¿Cual es el mensaje?, ¿Que quiere decir?, ¿Que se guarda y no dice?, ¿Cual su miedo?, ¿Cual su saldo a favor en el cálculo del egoísmo?
Como vez no he ayudado mucho en la reflexión, pero si acortamos el abismo, hemos tendido un puente desde nuestras soledades, insuficiente o no solo se evidenciará cuando alguien cruce primero.
¿En que minuto la dependencia de la bandeja de entrada, pasa de una simple curiosidad a una necesidad angustiosa?, es cierto tenemos rostros y estamos llenos de detalles, pero las incognitas siguen existiendo, ¿hasta que punto sólo eres ese personaje ideal que me he inventado?, cuando te tengo enfrente sigo preguntandome ¿que piensa? ¿por que está aquí? ¿por que me miras asi? ¿soy como imaginabas o te decepciono cada día?...es asi, los egoismos, las carencias siguen presentes...y dominan la situación, ¿hasta cuando?... no sabemos
ResponderEliminarhe seguido pensando desde la última tecla... la bandeja de entrada no habla conmigo y yo la espero como siempre…
ResponderEliminartrato de responder con coherencia a tus preguntas (y las mías) y creo que es más fácil responder ¿de dónde venimos?, o ¿cómo se originó la vida?, incluso responder ¿cómo fue posible que lleguemos hasta aquí?, y la razón es simple, las respuestas están allá afuera, en el mundo animado, en esta realidad que hemos construido, en cambio, en cambio las otras preguntas viajan a nuestro interior, a nuestra fibra más cercana y allí no hay teoría, ni realidad ni construcción de nada.
solo puedo interpretar tus comentarios al margen, el cambio de letra, la puntuación que falto ex profeso o quizá la omisión de una sílaba. He logrado completar esas cosas con el movimiento de tus manos (la curvatura al tomar la taza de té), tus ojos con poco brillo, y la incomodidad que te provoca el ser descubierto por un observador aleatorio. aún es insuficiente, ¿faltará complementar con un poco de piel?...
definitivamente nos atemorizamos, él uno al otro y el otro al uno, solo la desnudez podría derribar barreras, barreras que en su mayoría hemos auto impuesto para negarnos la existencia, es tanto mi miedo que pierdo de vista lassf letras y escribo incoherenciaslkh, elk teclado se me hace extensoncm y no puedoty cortaree las palabarasas.
he seguido pensando desde la última tecla... la bndeja de entrada no habla conmigo
La bandeja de entrada tampoco habla conmigo..., es uno de esos silencios angustiosos y eternos, me siento ridicula haciendo esos comentarios vacíos, sólo para obtener algún signo de vida, alguna letra, alguna frase que me indique que al otro lado todavía hay alguien, que todavía existe interes, que todavía puedo llamar y seré escuchada... los códigos siempre existen, pero en ciertas oportunidades es dificil decifrarlos, me pregunto ¿por qué siempre es así?, somos una imagen reflejada en la pared de la caverna, nada claro, nada real, solo ruido y distorsión...
ResponderEliminar