jueves, 10 de mayo de 2012

Once minutos de sexo?

by Paulo Coelho

"Los hombres que había conocido desde su llegada a Géneve hacían de todo para parecer seguros de sí mismos, como si gobernasen el mundo y sus propias vidas; María, sin embargo, veía en los ojos de cada uno de ellos el terror a la esposa, el pánico a no conseguir una erección, a no ser lo suficientemente machos ni ante una simple prostituta a quien estaban pagando.
Si fueran a una tienda y no les gustase el calzado, serían capaces de volver con el ticket en la mano y exigir el reembolso.
Sin embargo, aunque también estuviesen pagando por una compañía, si no tenían una erección jamás volverían a la misma discoteca, porque creían que la historia ya se habría extendido entre todas las demás mujeres de allí, y eso era una vergüenza.

«Soy yo la que debería tener vergüenza por no ser capaz de excitar a un hombre. Pero, en realidad, son ellos los que la tienen.» Para evitar estos dilemas, María procuraba dejarlos siempre a su criterio, y cuando alguno de ellos parecía más borracho o más frágil de lo normal, evitaba el sexo, y se concentraba sólo en las caricias y la masturbación, lo que los dejaba muy contentos, por más absurda que fuese la situación, ya que podían masturbarse ellos solos.

Siempre era preciso evitar que se sintiesen avergonzados. Aquellos hombres, tan poderosos y arrogantes en sus trabajos, luchando sin parar con empleados, clientes, proveedores, prejuicios, secretos, falsas actitudes, hipocresía, miedo, opresión, terminaban el día en una discoteca, y no les importaba pagar trescientos cin-cuenta francos suizos para dejar de ser ellos mismos durante la noche.

«¿Durante la noche? María, estás exagerando. En realidad, son cuarenta y cinco minutos y, aun así, si descontamos el tiempo de quitarse la ropa, ensayar alguna falsa caricia, hablar de algo trivial, vestirse, reduciremos este tiempo a once minutos de sexo propiamente dicho.»
Once minutos. El mundo giraba en torno de algo que duraba solamente once minutos.

Y por esos once minutos en un día de veinticuatro horas (considerando que todos hiciesen el amor con sus esposas todos los días, lo que era un verdadero absurdo y una gran mentira), ellos se casaban, sustentaban a la familia, aguantaban el llanto de los niños, se deshacían en explicaciones cuando llegaban tarde a casa, veían a decenas, centenas de mujeres con las que les gustaría pasear por el lago de Géneve, compraban ropa cara para ellos, ropa aún más cara para ellas, pagaban a prostitutas para compensar lo que echaban en falta, sustentaban una gigantesca industria de cosméticos, dietas, gimnasia, pornografía, p oder, y cuando quedaban con otros hombres, al contrario de lo que decía la leyenda, jamás hablaban de mujeres. Charlaban sobre trabajo, dinero y deporte.

Algo iba muy mal en la civilización; y ese algo no era la deforestación amazónica, ni la capa de ozono, ni la muerte de los pandas, ni el tabaco, ni los alimentos cancerígenos, ni la situación de las cárceles, como gritaban los periódicos.

Era exactamente aquello en lo que ella trabajaba: el sexo."

jueves, 19 de abril de 2012

Las ciudades y la memoria.

"Al hombre que cabalga largamente por tierras agrestes le asalta el deseo de una ciudad. Finalmente llega a Isidora, ciudad donde los palacios tienen escaleras de caracol incrustadas de caracolas marinas, donde se fabrican con todas las reglas del arte largavistas y violines, donde cuando el forastero está indeciso entre dos mujeres siempre encuentra una tercera, donde de las riñas de gallos degeneran en peleas sangrientas entre los que apuestan. En todas estas cosas pensaba el hombre cuando deseaba una ciudad. Isidora, es pues, la ciudad de sus sueños; con una diferencia. La ciudad soñada lo contenía joven; a Isidora llega a edad avanzada. En la plaza hay un murete desde donde los viejos miran pasar a la juventud: el hombre esta sentado en fila con ellos. Los deseos ya son recuerdos".

Las ciudades invisibles. Italo Calvino

domingo, 8 de abril de 2012

Don't you remember...

Pero... ¿no te acuerdas?
la razón por la que me amaste antes

Te dí espacio para que pudieras respirar
mantuve la distancia para que pudieras ser libre

Espero que puedas encontrar
la pieza que te faltaba
para traerte de vuelta a mí...


jueves, 8 de marzo de 2012

Mujer...

Mujer Si te han crecido las ideas
de ti van a decir cosas muy feas
que, que no eres buena, que, que si tal cosa
que cuando callas te ves mucho más hermosa

Mujer, Espiga abierta entre pañales
cadena de eslabones ancestrales
ovario fuerte, dí, di lo que vales
la vida empieza donde todos son iguales
Angela Jean, o antes Manuela
mañana es tarde y el tiempo apremia

Mujer si te han crecido las ideas
de ti van a decir cositas muy feas
cuando no quieras ser incubadora
diran. No sirven estas mujeres de ahora

Mujer, semilla fruto, flor camino
pensar es altamente femenino
hay, hay en tu pecho
dos, dos manantiales
fusiles flancos¡, y no anuncios comerciales


martes, 31 de enero de 2012

Hasta hoy...

Acá de nuevo el poema que te comenté, es de Pedro Aznar...

Muy bien,

he aquí lo que he visto
hasta hoy:
Cada cuerpo un bastión de "lo mío-que jamás será
lo tuyo ni lo nuestro";
miedo incontrolable: miedo ciego
a abrir la puerta y dejarnos ver
unos a otros
que estamos desnudos;
procesiones incontables
corriendo atrás del amor ideal, un fantasma que siempre se
disuelve,
siempre,
al dar vuelta a la esquina;

inventos infructuosos de cualquier tenor y alcance
para convencerse de que la felicidad pueda ser alguna otra
cosa

que entregarse a los demás;
reglas, dictámenes, teorías y credos inútiles
(porque no le dan cabida al alma,
bendita en su repulsión a los encierros;

porque son el Olimpo de los necios que creen en llegar

a alguna parte enviando al amor al destierro
por ser indefinible);
multitudes de hipócritas apedreando a los que muestran
sus manos vacías;
pesimistas sin ningún motivo;
optimistas sin ningún motivo;

lo-que-sea-istas subidos al carro de turno;

la desconfianza, alimentada de saber que el otro esconde en sí

fianza, alimentada de saber que el otro esconde en sí
los mismos monstruos;
el odio, nacido de no reconocer los monstruos

en nosotros mismos;

la máquina de forjar hombres a imagen y semejanza

de un dios perverso, vengativo e ignorante;
separación, separación por todas partes: esto no es aquello no
es

lo otro ni lo de más allá (y el doloroso precio
de la soledad);
los muertos echando tierra estéril sobre la divina semilla

de la infancia en las escuelas;

la mirada impotente y mezquina de los padres

que se proclaman dueños de los Hijos de la Vida,

(¡la Vida!, ¡que jamás espera nada de nadie!);

los que quieren que todo quede como está
saqueando
con gritos, balas o vergüenza
los dones de la juventud;

¡un océano tan vasto de dolor
cuando todo podría ser tan distinto!

He visto, también,

los que no cejan:
buscando a tientas;

aferrándose (o soltándose) al centro en las mareas
cambiantes;

dejando un tenue rastro del perfume inconfundible en los vientos
furiosos;

librando, cada día, la batalla más difícil, la única noble,

la de adentro;

borrando con su propia sangre los dictados negros (propios

y ajenos);
equivocándose, equivocándose y volviendo a empezar;

dudando de su fuerza, pero ofreciendo el pecho;

sabiendo que está todo por hacer, y que tendrá que ser hecho

cada vez
por cada uno;
templando su coraje en la negrura más espesa de la noche.

sábado, 28 de enero de 2012

Comer, rezar, amar


"Así que le escribo un correo electrónico.
Le digo que espero que esté bien y le cuento que yo estoy bien. Hago un par de bromas. Las bromas siempre se nos dieron bien. Entonces le explico que creo que deberíamos acabar con lo nuestro de una vez por todas. Que quizá haya llegado el momento de admitir que la cosa no va a funcionar y que mas vale no empeñarse. La carta no es demasiado dramática. Dios sabe que de drama ya vamos bien servidos. Procuro ser breve e ir al grano. Pero hay una última cosa que tengo que decirte. Conteniendo la respiración, tecleo: por supuesto, si quieres buscar otra compañera con la que compartir la vida, te deseo lo mejor del mundo. Me tiemblan las manos. Me despido cariñosamente, intentando tener un tono lo más optimista posible.
Estoy como si me hubieran golpeado en el pecho con un palo.
Esa noche duermo poco, porque la paso imaginándolo mientras lee mis palabras. Al día siguiente voy corriendo al cibercafé un par de veces para ver si me ha contestado. Intento ignorar ese yo mío que esta deseando leer una respuesta tipo ¡VUELVE! ¡NO TE VALLAS! ¡CAMBIARÉ!. Procuro ignorar a esa chica que llevo dentro, la que sería capaz de abandonar este plan genial de viajar por el mundo a cambio de las llaves del apartamento de David. Pero en torno a las diez de la noche por fin me llega una respuesta. Un correo electrónico maravillosamente escrito, por supuesto. David siempre ha escrito maravillosamente. Está de acuerdo en que si que ha llegado el momento de despedirnos para siempre. El también lo había estado pensando últimamente, dice. No puede ser más amable de lo que es y me habla de la pena que le da perder esa capacidad de alcanzar las cotas altísimas de ternura a las que llegó conmigo por mucho que le costara. Espera que yo sepa lo mucho que me adora aunque le cueste hallar palabras para expresarlo. Pero no somos lo más conveniente el uno para el otro, dice. A pesar de todo sabe que yo lograré encontrar el amor auténtico alguna vez en mi vida. Está seguro de ello. Al fin y al cabo, me escribe, la belleza atrae a la belleza".

sábado, 7 de enero de 2012

Tá Escrito...

As vezes a felicidade demora a chegar
Aí é que a gente não pode deixar de sonhar
Guerreiro não foge da luta, não pode correr
Ninguém vai poder atrasar quem nasceu pra vencer

Erga essa cabeça, mete o pé e vai na fé
Manda essa tristeza embora
Basta acreditar que um novo dia vai raiar
Sua hora vai chegar