
"Así que le escribo un correo electrónico.
Le digo que espero que esté bien y le cuento que yo estoy bien. Hago un par de bromas. Las bromas siempre se nos dieron bien. Entonces le explico que creo que deberíamos acabar con lo nuestro de una vez por todas. Que quizá haya llegado el momento de admitir que la cosa no va a funcionar y que mas vale no empeñarse. La carta no es demasiado dramática. Dios sabe que de drama ya vamos bien servidos. Procuro ser breve e ir al grano. Pero hay una última cosa que tengo que decirte. Conteniendo la respiración, tecleo: por supuesto, si quieres buscar otra compañera con la que compartir la vida, te deseo lo mejor del mundo. Me tiemblan las manos. Me despido cariñosamente, intentando tener un tono lo más optimista posible.
Estoy como si me hubieran golpeado en el pecho con un palo.
Esa noche duermo poco, porque la paso imaginándolo mientras lee mis palabras. Al día siguiente voy corriendo al cibercafé un par de veces para ver si me ha contestado. Intento ignorar ese yo mío que esta deseando leer una respuesta tipo ¡VUELVE! ¡NO TE VALLAS! ¡CAMBIARÉ!. Procuro ignorar a esa chica que llevo dentro, la que sería capaz de abandonar este plan genial de viajar por el mundo a cambio de las llaves del apartamento de David. Pero en torno a las diez de la noche por fin me llega una respuesta. Un correo electrónico maravillosamente escrito, por supuesto. David siempre ha escrito maravillosamente. Está de acuerdo en que si que ha llegado el momento de despedirnos para siempre. El también lo había estado pensando últimamente, dice. No puede ser más amable de lo que es y me habla de la pena que le da perder esa capacidad de alcanzar las cotas altísimas de ternura a las que llegó conmigo por mucho que le costara. Espera que yo sepa lo mucho que me adora aunque le cueste hallar palabras para expresarlo. Pero no somos lo más conveniente el uno para el otro, dice. A pesar de todo sabe que yo lograré encontrar el amor auténtico alguna vez en mi vida. Está seguro de ello. Al fin y al cabo, me escribe, la belleza atrae a la belleza".
Le digo que espero que esté bien y le cuento que yo estoy bien. Hago un par de bromas. Las bromas siempre se nos dieron bien. Entonces le explico que creo que deberíamos acabar con lo nuestro de una vez por todas. Que quizá haya llegado el momento de admitir que la cosa no va a funcionar y que mas vale no empeñarse. La carta no es demasiado dramática. Dios sabe que de drama ya vamos bien servidos. Procuro ser breve e ir al grano. Pero hay una última cosa que tengo que decirte. Conteniendo la respiración, tecleo: por supuesto, si quieres buscar otra compañera con la que compartir la vida, te deseo lo mejor del mundo. Me tiemblan las manos. Me despido cariñosamente, intentando tener un tono lo más optimista posible.
Estoy como si me hubieran golpeado en el pecho con un palo.
Esa noche duermo poco, porque la paso imaginándolo mientras lee mis palabras. Al día siguiente voy corriendo al cibercafé un par de veces para ver si me ha contestado. Intento ignorar ese yo mío que esta deseando leer una respuesta tipo ¡VUELVE! ¡NO TE VALLAS! ¡CAMBIARÉ!. Procuro ignorar a esa chica que llevo dentro, la que sería capaz de abandonar este plan genial de viajar por el mundo a cambio de las llaves del apartamento de David. Pero en torno a las diez de la noche por fin me llega una respuesta. Un correo electrónico maravillosamente escrito, por supuesto. David siempre ha escrito maravillosamente. Está de acuerdo en que si que ha llegado el momento de despedirnos para siempre. El también lo había estado pensando últimamente, dice. No puede ser más amable de lo que es y me habla de la pena que le da perder esa capacidad de alcanzar las cotas altísimas de ternura a las que llegó conmigo por mucho que le costara. Espera que yo sepa lo mucho que me adora aunque le cueste hallar palabras para expresarlo. Pero no somos lo más conveniente el uno para el otro, dice. A pesar de todo sabe que yo lograré encontrar el amor auténtico alguna vez en mi vida. Está seguro de ello. Al fin y al cabo, me escribe, la belleza atrae a la belleza".
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