Puede ser la lluvia, o tal vez
el frío del invierno, aunque parece ser que éste no ha sido tan helado como
años anteriores, no sé, tal vez será el
frío interno que congela y paraliza hasta los pensamientos, las ideas, los
sueños.
No quiero que preguntes lo
mismo, porque las respuestas están congeladas también, no se pueden verbalizar,
hasta que llegue la primavera y los rayos de sol las vuelvan a tocar.
No quiero que pidas, exijas o
requieras nada de mí, no puedo con mi cuerpo congelado, pesado, estéril. Cargo
con el como quien lleva un muerto en la espalda, en ocasiones me sofoca su
peso, me aplasta, trato de escaparme de su influjo pero está ahí siempre
detrás, como una sombra eterna, inseparable que me recuerda la fragilidad, el
dolor y lo efímero de todo, me recuerda
que no tengo nada, que no pertenezco a nadie.
No me pidas que tenga fé, esa
palabra ya no esta en mi vocabulario, la perdí hace bastante tiempo, ya no creo
en nada, ni en nadie, a ratos quisiera creer en algo, pero me he vuelto insensible,
incrédula, vivo presa de una pesadumbre
eterna, de dolores que no terminan, ni siquiera cuando cierro los ojos.
Cronología, 2009
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