Con el paso de los años la
cronología se va llenando de sucesos; memorables algunos, otros, que
simplemente quisiéramos olvidar. No es fácil filtrar cada uno, todos tienen su
peso, aunque en la medida que pasan los años, el valor asignado a cada uno
varía y el orden de importancia es modificado constantemente.
Tú, apareciste de la nada, de
la niebla que envolvía mi mundo externo, de lo desconocido y también
prohibido. A pesar de la pena, toqué tu
alma, sin ninguna intensión de hacerlo, sin querer y sin pensar en el mañana.
Cuando me di cuenta, comprendí que estás fuera de todos los límites
establecidos, fuera del amor, del sentimiento; sin embargo, en el desamor, te
busco, te encuentro y también te pierdo.
Eres parte de mi soledad, tú la alimentas con cada traición, tus
palabras y lamentos me embriagan, me
seducen, me atrapan, no puedo huir de
ti, no puedo desatar los lazos que nos unen, a pesar de la distancia, a pesar
del fragmento de vida, que hoy cae en el profundo vacío.
En tu lugar instalé objetos
sin sentido, sin significado aparente para el mundo, pero simbólicos para
alimentar la pequeña llama, que sintetizaba mi amor, estructuré un espacio para
ti, con las medidas reglamentarias, todo fríamente calculado, ningún detalle al
azar, todo bajo las leyes que yo les
imponía, bajo mi control, en la palma de mí mano.
Cuando las sombras
aparecieron, encontré el sitio perfecto para aislarlas y mantenerlas lejos de
nosotros. Las sombras se sucedieron, una tras otra, también se desataron algunas tormentas, todas
violentas, salvajes, pero dentro de los límites de mi control. Pero la aparente
calma no podía ser eterna, el control ejercido, si bien abarcaba una gran parte
de nuestro espacio físico, no ejercía control sobre el sentir, y fue así como
un terremoto amenazó los cimientos del mundo construido, un suave destello en
esos ojos pequeños, que no debían estar en ese lugar, ni mucho menos eclipsarse
con los tuyos, esos ojos pequeños, que no tuvieron la culpa de cruzar los
límites impuestos y derribarlos simplemente con la fuerza de su ingenuidad, esa
ingenuidad que olvidamos hace tanto tiempo y que hoy es una cosa tan extraña y
exótica para nosotros.
A veces quisiera que esos
pequeños ojos fueran parte de un sueño, del que alguna vez podré despertar y
olvidar, pero han dejado huellas profundas y mientras más los veo tan puros,
tan brillantes, tan encantadores, comprendo lo que no consideré cuando construí
mi fortaleza, "nada me pertenece, no puedo aferrarme a este mundo, no
puedo desearte para mí, porque mientras más te aprieto contra mi pecho, más
lejos vuela tu corazón".
Desde entonces me instalé en
las sombras, y sólo veo reflejos, nada
es claro, todo es subjetivo.
Septiembre 2008
Septiembre 2008
No hay comentarios:
Publicar un comentario