Junto con el paso de los
años, mi fortaleza ha caído, he tenido que vagar en la búsqueda del lugar
perfecto, ha sido difícil, pero lo he encontrado. En este camino, he tenido compañías,
algunas de ellas efímeras pero presentes, otras más constantes, pero ocultas y
silenciosas como una maldición, como una herida que nunca cicatriza. Me
establecí en las alturas, en un sitio con la orientación auspiciosa, acompañada
del felino protector, ahí cada día puedo ver el atardecer y al sol perderse en
la cordillera de la costa, pero, a pesar
de todo, todavía sueño contigo.
Todo ha cambiado, yo he
cambiado, quisiera recuperar el brillo en mis ojos, pero no sé dónde quedó atrapada esa luz, recuperar mi juventud,
que se perdió hace una par de años, entre hospitales y oscuridad, pero sigo en
mi lugar, observo al mundo desde acá, espero, en silencio, sin expectativas el
destino, observo el tablero, de repente cuando estoy feliz muevo alguna pieza y
juego, juego, juego hasta reír nuevamente y me levanto de mi lugar y desde el
balcón vuelo con la brisa, vuelo hasta ese lugar y vuelvo a estar viva, pero, a
pesar de todo, sigo soñando contigo.
Otras veces cierro las
puertas y los ojos y pienso en el ayer, voy recapitulando cada día de los
últimos tiempos juntos, analizo y encuentro tus mensajes, los papelitos de
colores en la cocina, los cuentos en internet, la mirada perdida de tus ojos.
Ahora leo, re-leo y veo, esta todo ahí, el lenguaje en sus diversas facetas,
pero lo descifro tarde. A pesar de todo, me tranquiliza encontrar las
respuestas y dejar de pensar que tus palabras nunca fueron reales y finalmente
descubro que ya no quiero soñar contigo.
Agosto 2013
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