"Librando, cada día, la batalla más difícil, la única noble, la de adentro" P. Aznar
jueves, 12 de diciembre de 2013
miércoles, 28 de agosto de 2013
lunes, 12 de agosto de 2013
Cronología II
Junto con el paso de los
años, mi fortaleza ha caído, he tenido que vagar en la búsqueda del lugar
perfecto, ha sido difícil, pero lo he encontrado. En este camino, he tenido compañías,
algunas de ellas efímeras pero presentes, otras más constantes, pero ocultas y
silenciosas como una maldición, como una herida que nunca cicatriza. Me
establecí en las alturas, en un sitio con la orientación auspiciosa, acompañada
del felino protector, ahí cada día puedo ver el atardecer y al sol perderse en
la cordillera de la costa, pero, a pesar
de todo, todavía sueño contigo.
Todo ha cambiado, yo he
cambiado, quisiera recuperar el brillo en mis ojos, pero no sé dónde quedó atrapada esa luz, recuperar mi juventud,
que se perdió hace una par de años, entre hospitales y oscuridad, pero sigo en
mi lugar, observo al mundo desde acá, espero, en silencio, sin expectativas el
destino, observo el tablero, de repente cuando estoy feliz muevo alguna pieza y
juego, juego, juego hasta reír nuevamente y me levanto de mi lugar y desde el
balcón vuelo con la brisa, vuelo hasta ese lugar y vuelvo a estar viva, pero, a
pesar de todo, sigo soñando contigo.
Otras veces cierro las
puertas y los ojos y pienso en el ayer, voy recapitulando cada día de los
últimos tiempos juntos, analizo y encuentro tus mensajes, los papelitos de
colores en la cocina, los cuentos en internet, la mirada perdida de tus ojos.
Ahora leo, re-leo y veo, esta todo ahí, el lenguaje en sus diversas facetas,
pero lo descifro tarde. A pesar de todo, me tranquiliza encontrar las
respuestas y dejar de pensar que tus palabras nunca fueron reales y finalmente
descubro que ya no quiero soñar contigo.
Agosto 2013
Cronología I
Con el paso de los años la
cronología se va llenando de sucesos; memorables algunos, otros, que
simplemente quisiéramos olvidar. No es fácil filtrar cada uno, todos tienen su
peso, aunque en la medida que pasan los años, el valor asignado a cada uno
varía y el orden de importancia es modificado constantemente.
Tú, apareciste de la nada, de
la niebla que envolvía mi mundo externo, de lo desconocido y también
prohibido. A pesar de la pena, toqué tu
alma, sin ninguna intensión de hacerlo, sin querer y sin pensar en el mañana.
Cuando me di cuenta, comprendí que estás fuera de todos los límites
establecidos, fuera del amor, del sentimiento; sin embargo, en el desamor, te
busco, te encuentro y también te pierdo.
Eres parte de mi soledad, tú la alimentas con cada traición, tus
palabras y lamentos me embriagan, me
seducen, me atrapan, no puedo huir de
ti, no puedo desatar los lazos que nos unen, a pesar de la distancia, a pesar
del fragmento de vida, que hoy cae en el profundo vacío.
En tu lugar instalé objetos
sin sentido, sin significado aparente para el mundo, pero simbólicos para
alimentar la pequeña llama, que sintetizaba mi amor, estructuré un espacio para
ti, con las medidas reglamentarias, todo fríamente calculado, ningún detalle al
azar, todo bajo las leyes que yo les
imponía, bajo mi control, en la palma de mí mano.
Cuando las sombras
aparecieron, encontré el sitio perfecto para aislarlas y mantenerlas lejos de
nosotros. Las sombras se sucedieron, una tras otra, también se desataron algunas tormentas, todas
violentas, salvajes, pero dentro de los límites de mi control. Pero la aparente
calma no podía ser eterna, el control ejercido, si bien abarcaba una gran parte
de nuestro espacio físico, no ejercía control sobre el sentir, y fue así como
un terremoto amenazó los cimientos del mundo construido, un suave destello en
esos ojos pequeños, que no debían estar en ese lugar, ni mucho menos eclipsarse
con los tuyos, esos ojos pequeños, que no tuvieron la culpa de cruzar los
límites impuestos y derribarlos simplemente con la fuerza de su ingenuidad, esa
ingenuidad que olvidamos hace tanto tiempo y que hoy es una cosa tan extraña y
exótica para nosotros.
A veces quisiera que esos
pequeños ojos fueran parte de un sueño, del que alguna vez podré despertar y
olvidar, pero han dejado huellas profundas y mientras más los veo tan puros,
tan brillantes, tan encantadores, comprendo lo que no consideré cuando construí
mi fortaleza, "nada me pertenece, no puedo aferrarme a este mundo, no
puedo desearte para mí, porque mientras más te aprieto contra mi pecho, más
lejos vuela tu corazón".
Desde entonces me instalé en
las sombras, y sólo veo reflejos, nada
es claro, todo es subjetivo.
Septiembre 2008
Septiembre 2008
jueves, 13 de junio de 2013
Oscuridad (Otoño-Invierno)
Puede ser la lluvia, o tal vez
el frío del invierno, aunque parece ser que éste no ha sido tan helado como
años anteriores, no sé, tal vez será el
frío interno que congela y paraliza hasta los pensamientos, las ideas, los
sueños.
No quiero que preguntes lo
mismo, porque las respuestas están congeladas también, no se pueden verbalizar,
hasta que llegue la primavera y los rayos de sol las vuelvan a tocar.
No quiero que pidas, exijas o
requieras nada de mí, no puedo con mi cuerpo congelado, pesado, estéril. Cargo
con el como quien lleva un muerto en la espalda, en ocasiones me sofoca su
peso, me aplasta, trato de escaparme de su influjo pero está ahí siempre
detrás, como una sombra eterna, inseparable que me recuerda la fragilidad, el
dolor y lo efímero de todo, me recuerda
que no tengo nada, que no pertenezco a nadie.
No me pidas que tenga fé, esa
palabra ya no esta en mi vocabulario, la perdí hace bastante tiempo, ya no creo
en nada, ni en nadie, a ratos quisiera creer en algo, pero me he vuelto insensible,
incrédula, vivo presa de una pesadumbre
eterna, de dolores que no terminan, ni siquiera cuando cierro los ojos.
Cronología, 2009
lunes, 10 de junio de 2013
Infección...
(Odiar es querer sin amar. Querer es luchar por aquello que se desea y odiar es no poder alcanzar por lo que lucha. Amar es desear todo, luchar por todo, y aún así, seguir con el heroísmo de continuar amando...
...La odio a ella por no haber podido vencer a su conciencia y a sus falsas libertades. La odio porque me demostró demasiado rápido que me quería y me deseaba, pero después no supo responder a estas demostraciones. La odio porque no las supo demostrar, pero ese día se fue cargando con ellas para su cama...
...Sí, odio todo esto, todo eso,todo. Y lo odio porque lucho por conseguirlo, unas veces puedo vencer, otras no. Por eso lo odio, porque lucho por su compañía. Lo odio porque odiar es querer y aprender a amar. ¿Me entienden? Lo odio, porque no he aprendido a amar, y necesito de eso. Por eso, odio a todo el mundo, no dejo de odiar a nadie, a nada...
...La odio a ella por no haber podido vencer a su conciencia y a sus falsas libertades. La odio porque me demostró demasiado rápido que me quería y me deseaba, pero después no supo responder a estas demostraciones. La odio porque no las supo demostrar, pero ese día se fue cargando con ellas para su cama...
...Sí, odio todo esto, todo eso,todo. Y lo odio porque lucho por conseguirlo, unas veces puedo vencer, otras no. Por eso lo odio, porque lucho por su compañía. Lo odio porque odiar es querer y aprender a amar. ¿Me entienden? Lo odio, porque no he aprendido a amar, y necesito de eso. Por eso, odio a todo el mundo, no dejo de odiar a nadie, a nada...
a nada
a nadie
¡sin excepción!)
Andrés Caicedo. Calicalabozo
miércoles, 15 de mayo de 2013
Baila, baila
Haruki Murakami
"En medio de la luz mortecina, mientras contemplaba la sombra proyectada sobre la pared, le hablé de la situación en la que me encontraba. Abrí mi corazón, como hacía tiempo no lo abría, y le hablé con franqueza sobre mí mismo. Lo hice tomándome todo el tiempo del mundo, con la lentitud de un pedazo de hielo que va derritiéndose. Le conté que más o menos preservaba mi modo de vida. Pero que no conseguía ir a ninguna parte. Envejecía sin llegar a nada. Le conté que no era capaz de amar de verdad a nadie. Que había perdido esa sacudida en el corazón. Que ya no sabía lo que era importante. Pero que me involucraba a fondo en cosas nimias, y que eso no servía de nada. Que tenía la sensación que mi cuerpo se anquilosaba. Que todo se iba agarrotando, del hueso a los tejidos. Y eso me daba miedo. Y que me costaba conectarme a este lugar, este lugar del que yo sentía que formaba parte. No sabía donde me encontraba, pero el instinto me decía que sí, que formaba parte de él...
-Tú has perdido muchas cosas, cientos de cosas valiosas. No se trata de buscar culpables. El problema es que, cada vez que has perdido algo, has abandonado cosas que se hallaban prendidas a ese algo. Era como una especie de señal. No debiste hacerlo. Abandonaste incluso cosas que te convenía conservar. Al hacerlo te has ido desgastando.
-Entonces, ¿qué diablos hago?
- Baila -dijo el hombre carnero-. No dejes de bailar mientras suene la música. ¿Lo entienes? Baila. No dejes de bailar. No pienses por qué lo haces. No le des vueltas ni le busques significados. En realidad, no significa nada. Si te pones a pensar, las piernas se detienen. Y si esto sucediera, servidor no podría hacer nada para ayudarte. Tu conexión desaparecería. Para siempre. Entonces ya sólo podrías vivir en este mundo. Te verías arrastrado desde aquel mundo hasta este mundo. Así que no permitas que tus piernas se detengan. Por muy ridículo que te parezca, no dejes de bailar. Lograrás que lo que ya está endurecido empiece a distenderse. Todavía deberías estar a tiempo. Utiliza todos tus recursos. Echa el resto. No tienes nada que temer. Estás cansado, lo sé. Cansado y asustado. A todos nos sucede. A veces sentimos que todo es un gran error. Y entonces las piernas se detienen...
-Pero no queda más remedio que bailar- prosiguó el hombre carnero-. Y hacerlo lo mejor que puedas. Deslumbrando a todos. Si lo haces así, quizá pueda ayudarte. Así que baila, baila mientras no cese la música."
martes, 16 de abril de 2013
El cuervo
Edgar Allan Poe
(Boston, 1809 - Baltimore, 1849)
Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”
¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.
Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”
Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.
Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.
Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!
De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.
Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”
Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”
Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”
Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”
En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!
Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!
(Boston, 1809 - Baltimore, 1849)
Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”
¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.
Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”
Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.
Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.
Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!
De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.
Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”
Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”
Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”
Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”
En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!
Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!
martes, 9 de abril de 2013
Girasoles
"Me senté en el campo de girasoles inmóvil; se me paralizaron las piernas de la humédad del suelo. No tenía intención de levantarme. Los pétalos de los girasoles se habían cerrado y vuelto negros, como pestañas. Parecían un sinfin de ojos negros mirándome fijamente. Unas nubes negras y espesas bloqueban el son. Los capullos de las flores pendían desordenados, como si estuvieran tristes y marchitos. Las hormigas negras estaban ocupadas reconstruyendo sus fortalezas en el suelo, en el suelo liso y embarrado, haciéndolos más altos y más fuertes que la última vez que los vi, ajenos al hecho de que la próxima lluvia acabaría con ellos de nuevo, sin respetar la historia arquitectónica del fabuloso reino de las hormigas. No había ni una ráfaga de viento en el campo de girasoles; era asfixiante, como un horno de cocina, en el que estaban cocinando un pato carnoso y delicioso: yo.
...Esos pétalos caidos eran como un sinfin de caras de niños, que me miraban cariñosamente, consolándome, y me daban fuerza para que aceptara el mundo, independientemente de lo doloroso que fuera comprenderlo." Mo Yan
...Esos pétalos caidos eran como un sinfin de caras de niños, que me miraban cariñosamente, consolándome, y me daban fuerza para que aceptara el mundo, independientemente de lo doloroso que fuera comprenderlo." Mo Yan
miércoles, 3 de abril de 2013
Jardín Shen
"...Su alegria era contagiosa. El puente multicolor que se levantaba sobre el cielo se llevó todos sus pensamientos negativos existenciales y de repente se quedó absorto,disfrutando del momento como un niño. Sin darse cuenta, se habían acercado el uno al otro, estaban muy juntos, y se miraban a los ojos de manera íntima. No hubo evasivas, ni dudas, ni titubeos; primero se cogieron de la mano y luego cayeron en los brazos del otro de manera natural.Se besaron."
Mo Yan
Mo Yan
jueves, 14 de febrero de 2013
Te adoro igual
Charles Baudelaire
Te adoro igual que a la bóveda nocturna,
¡Oh vaso de tristeza, gran taciturna!
Y te amo tanto más, bella, cuanto más me huyes;
Y cuanto más me pareces encanto de mis noches,
Irónicamente aumentar la distancia
Que separa mis brazos de la inmensidad azul.
Avanzo en los ataques y trepo en los asaltos
Como junto a un cadáver un coro de gusanos,
Y amo tiernamente, bestia implacable y cruel,
Incluso tu frialdad, que aumenta tu belleza.
Te adoro igual que a la bóveda nocturna,
¡Oh vaso de tristeza, gran taciturna!
Y te amo tanto más, bella, cuanto más me huyes;
Y cuanto más me pareces encanto de mis noches,
Irónicamente aumentar la distancia
Que separa mis brazos de la inmensidad azul.
Avanzo en los ataques y trepo en los asaltos
Como junto a un cadáver un coro de gusanos,
Y amo tiernamente, bestia implacable y cruel,
Incluso tu frialdad, que aumenta tu belleza.
lunes, 28 de enero de 2013
Nadie sino tú...
Charles Bukowski
nadie puede salvarte sino
tú mismo.
te verás una y otra vez
en situaciones
casi imposibles.
intentarán una y otra vez
por medio de subterfugios, engaños o
por la fuerza
que renuncies, te des por vencido y/o mueras quedamente
por dentro.
nadie puede salvarte sino
tú mismo
y será muy fácil desfallecer,
pero que muy fácil,
pero no desfallezcas, no, no.
limítate a mirarlos.
escucharlos.
¿quieres ser así?
¿un ser sin cara, sin mente,
sin corazón?
¿quieres experimentar
la muerte antes de la muerte?
nadie puede salvarte sino
tú mismo
y mereces salvarte.
no es una guerra fácil de ganar
pero si algo merece la pena ganar,
es esto.
piénsalo.
piensa en salvarte a ti mismo.
tu parte espiritual.
la parte de tus entrañas.
tu parte mágica y ebria.
sálvala.
no te unas a los muertos de espíritu.
mantente
con buen talante y garbo
y al cabo,
si fuera necesario,
apuesta tu vida en plena refriega,
al carajo las probabilidades, al carajo
el precio.
nadie puede salvarte sino
tú mismo.
!hazlo! ¡sálvate!
entonces sabrás exactamente de
qué hablo.
lunes, 21 de enero de 2013
Cuaderno...
hay páginas que están escritas, otras en blanco,
algunas tienen algún papel u objeto,
que en algún momento significó algo
o marcó algún hito;
pero también están aquellas que contienen una sóla letra
y siempre la misma letra,
con una caligrafía cuidada,
escritas con tinta de colores,
¿qué significará? me pregunto...
¿qué permanecerá? difícil decisión,
¿qué permanecerá? difícil decisión,
entre tanto recuerdo,
miro sus fotos, sus libros, todo está ahí frente a mí,
tratando de narrar una historia,
pero no logro encontrar el hilo conductor...
jueves, 17 de enero de 2013
jueves, 10 de enero de 2013
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